sábado, 14 de marzo de 2026

El Sherlock Holmes anciano: «Las máscaras de la muerte» y «Mr. Holmes» en un nuevo episodio de «Datos, Datos, Datos»

¿Qué ocurre cuando el más grande de los detectives envejece? La imagen del Holmes anciano —ese que va dejando atrás la madurez para rozar el declive— ha sido mucho menos explorada que la de su juventud, y resulta precisamente por eso más fascinante. El podcast «Datos, Datos, Datos» acaba de publicar un episodio dedicado íntegramente a esta etapa crepuscular del detective de Baker Street, y como siempre, el resultado es un programa rico, bien documentado y lleno de matices.


«Las máscaras de la muerte» (1984): el adiós de Cushing


Londres, 1913. Sherlock Holmes sale de su retiro para investigar una serie de inexplicables asesinatos de mendigos, y al mismo tiempo las autoridades le encomiendan otro caso de mayor calado diplomático: encontrar a un joven príncipe alemán desaparecido cuya ausencia podría desencadenar una guerra entre Inglaterra y Alemania.

Pero más que el argumento —guionizado por Anthony Hinds, sin basarse en ningún relato canónico de Doyle—, lo que convierte esta película en una pieza imprescindible para todo holmesiano es su dimensión emocional. Esta fue la interpretación final de Peter Cushing como Sherlock Holmes. Ya había vestido la gorra de cazador en la versión Hammer de El perro de los Baskerville (1959) y luego en la serie de la BBC a finales de los años 60. Para este regreso, el guion tuvo que adaptarse a un Holmes de edad avanzada, pues Cushing rondaba los 70 años y reconoció públicamente que era demasiado mayor para interpretar al Holmes de los relatos originales.

El resultado es un Holmes más cascarrabias y menos ágil que en sus encarnaciones anteriores, y John Mills compone un Watson enérgico y fiable, perfecto contrapunto para el detective ya entrado en años. En el reparto también brillan Anne Baxter como Irene Adler, y Ray Milland y Gordon Jackson en papeles secundarios. Toda una reunión de glorias del cine clásico británico que, precisamente por eso, impregna la película de una melancolía que va más allá de la ficción.

El ser una película concebida originalmente como piloto de una serie que nunca llegó a realizarse, junto a la falta de un argumento del todo sólido, la convierten más en una curiosidad por ser la última interpretación de Cushing que en una obra mayor. Pero qué curiosidad tan valiosa.


«Mr. Holmes» (2015): la leyenda despojada del mito

Dirigida por Bill Condon y basada en la novela Un sencillo truco mental de Mitch Cullin, la película presenta a un Sherlock Holmes de 93 años, retirado en la campiña inglesa, que lucha contra la pérdida de memoria para reconstruir los detalles de su último caso —«Sherlock Holmes y la Dama de Gris»—, convencido de que Watson no reflejó la verdad en su versión escrita.

La historia se despliega en tres líneas temporales: el Holmes anciano en 1947 cuidando sus abejas en Sussex, un Holmes más joven durante un viaje a Japón en busca de un remedio para su deterioro mental, y el Holmes en plenas facultades resolviendo aquel último caso que le empujó al retiro.

Lo extraordinario del filme no es tanto el misterio —que en realidad es lo de menos— sino lo que Ian McKellen construye con el personaje. Hay en su composición una gran dignidad, la de quien trata de aferrarse a los fragmentos de una memoria que se ha hecho añicos: mandíbula caída, gesticulación, mirada perdida, balbuceos… Pocas veces se han representado sobre la pantalla los desoladores estragos de la vejez con tanta precisión.

El Holmes de McKellen no es una versión anciana del detective brillante e insoportable al que estamos acostumbrados. Es el hombre que pudo haber sido: la leyenda despojada de la admiración de unos y la manipulación de otros. Un Holmes que aborrece la imagen distorsionada que Watson y el cine han construido de él, que cuida abejas, que escribe un diario para no olvidar, y que encontrará un inesperado lazo afectivo con Roger, el hijo de su ama de llaves.

Las críticas destacan unánimemente el trabajo de McKellen, aunque algunos señalan que la dirección de Condon, correcta y eficaz, no siempre está a la altura del material que tiene entre manos. Aun así, es probablemente la aproximación cinematográfica más literaria y más humana que se ha hecho del personaje.


Puedes escuchar el programa en el siguiente reproductor.


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